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Tres Valles

Nerea-Martinez-ultra-TresValles

Tres Valles

Abandonamos la autopista para girar a la izquierda dirección La Alberca, próximo destino. Atisbo el horizonte en busca de montañas, pero nada; aun tardaremos un rato en ver la Sierra de Francia y más al fondo las cumbres nevadas de la Sierra de Bejar, que refulgen bajo el sol. Constato que la prueba no va a desarrollarse en una sierra de grandes alturas, pero por lo que anuncian, no será fácil. Llegados a La Alberca, me pierdo en su entramado de calles laberínticas. Su arquitectura guarda un aspecto medieval, mezcla de culturas cristiana, islámica y judaica, haciéndote retroceder en el tiempo, en un escenario de leyenda. Llamo enseguida a Tito para decirle que ha sido no tonto no viniendo con los perretes. Sé que le hubiera encantado La carrera arranca a la mañana siguiente del centro neurálgico del pueblo, La Plaza, que se encuentra atestada de corredores y público. Despliegue digno de las mejores pruebas. Se aprecia el esfuerzo y buen hacer de Manuel Gómez Fraile por convertir a Tres Valles en una de las carreras referentes del panorama nacional. Y si encima cuenta a Depa como speaker, éxito asegurado.  

  Hace un frio intenso, pero sé que a la que echemos a correr mi cuerpo entrara en funcionamiento como una máquina de vapor y me sobrara todo, así que prefiero no abrigarme. Arrancamos. Ritmos altos desde el inicio que por supuesto yo no puedo mantener. La primera subida a La Peña de Francia va poniéndonos a cada uno en nuestro sitio. En la cima, el santuario construido tras el hallazgo de la imagen de la Virgen Negra y que convirtieron a la zona en un lugar de peregrinación. Hoy no hay tiempo de contemplar nada, tal vez otro día.

Iniciamos una bajada por un precioso pero técnico sendero, o al menos a mi así me lo parece porque siento tropezar con todas las piedras del camino; cada vez estoy más torpe. Abajo en el valle un sendero limpio donde poder correr algo más suelta y relajada

Avituallamiento y cortafuegos interminable, de los que a mí me gustan. Me inclino hacia adelante e impulsándome con las manos sobre los cuádriceps, imprimo un buen ritmo. Una pedrera que me recuerda a los tubos de Cabezas, en la sierra madrileña, ponen el broche de oro a esta exigente subida. Descenso técnico al valle de la Batuecas.  El calor en este punto empieza a ser notable.

Un sendero que serpentea siguiendo el curso del rio con piedras, rocas, raíces hacen complicado mantener un ritmo constante. No puedo apreciar la belleza del paisaje,  me siento nula en este tipo de terrenos, mi ritmo decae y aunque trato de no perder la concentración, tropiezo en varias ocasiones.  Los kilómetros pasan lentos hasta llegar al convento donde arranca el último ascenso, temido por muchos. Es un camino pedregoso que sube a lo largo de cuatro kilómetros con una pendiente muy progresiva hasta la cima, el puerto del Portillo.

Como el terreno no me ha dejado exprimirme hasta ahora, siento que aún me quedan fuerzas para subir “alegre”. Ultimo avituallamiento y a meta. Salimos a una pista y suspiro aliviados; voy a poder correr  al menos los últimos kilómetros sin mirar donde pongo los pies! Ilusa de mí! Nos desvían del camino para meternos campo a través, más piedras, tocones, ramas que hay que esquivar! Pero que inútil que me siento hoy! Hasta la mismita entrada en el pueblo, siento que voy a dar con mis huesos por tierra.

La calle hasta la Plaza me permite recrearme y alargar la zancada para al menos hacer una entrada a meta digna. Cinco horas de  esfuerzo que me saben a poco, Una prueba que sin grandes altitudes logra sumar más de dos mil metros de desnivel positivo y con un terreno muy pedregoso donde no es fácil mantener un ritmo continuo. Me acorde constantemente de un amigo que me decía, “es muy corrible, nada técnico, senderos y caminos limpios”. ¿Joder Alberto, donde corriste tú el año pasado? Porque este han debido de traer aquí todas las piedras de Castilla-León!

La calle hasta la Plaza me permite recrearme y alargar la zancada para al menos hacer una entrada a meta digna. Cinco horas de  esfuerzo que me saben a poco, Una prueba que sin grandes altitudes logra sumar más de dos mil metros de desnivel positivo y con un terreno muy pedregoso donde no es fácil mantener un ritmo continuo. Me acorde constantemente de un amigo que me decía, “es muy corrible, nada técnico, senderos y caminos limpios”. ¿Joder Alberto, donde corriste tú el año pasado? Porque este han debido de traer aquí todas las piedras de Castilla-León!

“Eso sí, carrera imperdible”