LOADING CLOSE

EUPHORIA DEL CIMS. UN SUEÑO HECHO REALIDAD

NereyNahuvictoria

EUPHORIA DEL CIMS. UN SUEÑO HECHO REALIDAD

EUPHORIA DEL CIMS. UN SUEÑO HECHO REALIDAD.

A veces las grandes historias comienzan a fraguarse de la manera más simple e inesperada. En octubre pasado, frente a unas cervezas en un pub de Escocia, Tito, Nahuel y Julian, tras un intento fallido a la Ramsay’s Round, hablan sobre la posibilidad de correr Nahu y yo la Euforia del Cims.

En un primer momento, pienso que se han vuelto locos, la mente no me da ni para plantearmelo. Pero la vision de un nuevo desafio despierta algo en mi que creía ya olvidado. Conozco poco a Nahuel, pero se que es una persona extraordinaria y como posible compañero para una empresa de tal maginitud, me transmite una confianza plena.

La decisión está tomada

A partir de aquí, todos mis entrenamientos, carreras y decisiones deportivas se centran en el objetivo del año. Pero curiosamente, mi preparación va a resultar algo diferente a lo que pudiera esperarse. Vivimos un invierno muy rico de nieves, extraordinario para el esqui, pero no para correr en montaña, así que trato de adaptarme, descubriendo un deporte que me apasiona día a día. Muchas son las horas y kilometros metidos en la magnifica pista de esqui Nordico de Navafria disfrutando al maximo. Una lesion inesperada que me deja completamente coja por unas semanas, me hace temer mi participacion en la Euforia. Afortunadamente todo pasa y sin perder nunca la esperanza no dejo de moverme haciendo lo que en cada momento me va dejando el cuerpo,  natacion, spining, gimnasio.. y casi sin darme cuenta, estoy nuevamente sobre los esquis. Pasará algo mas de tiempo hasta que pueda correr.Y tambien esto llega, con muy malas sensaciones al principio, las primeras carreras, Leyenda Trail por etapas con Nahuel para correr juntos y otras más que le suceden y que acaban machacandome un gemelo, a tan solo unas semanas del gran objetivo. Estrés, miedo, dudas, incertidumbre…..mucha bici, rollers, patines todo terreno, padlesup, gimnasio…lo que sea para seguir sumando horas de entrenamiento aunque no fueran específicas.

«Es una delicia para los sentidos transitar por estas montañas»

A una semana de viajar a Andorra no lo veo nada claro; estoy a punto de tirar la toalla. Correr con otra persona es un gran compromiso y no estoy a la altura. Nahuel sin embargo parece tranquilo y confía plenamente en mi; me infunde seguridad. La suerte está echada. 233 kilómetros nos esperan, con 40.000 metros de desnivel acumulados, cinco picos por encima de los 2900 metros, 32 cimas o collados entre los 2500-2900 metros y una altura media de 2200 metros, con tan solo 4 avituallamientos. Las cifras asustan al más osado.

En la salida estoy más tranquila de lo habitual; creo que correr con Nahuel me serena. La mochila pesa una barbaridad, pero se que que con el paso de las horas acabará formado parte de mi. Mucho respeto y un miedo, que el gemelo me aguante y no surja ningún otro dolor limitante. Arrancamos, la primera parte es un sube baja que permite correr y el ritmo, con la euforia inicial, es alegre. Siento el gemelo ahí, recordandome su presencia, pero trato de ignorarlo. Es una delicia para los sentidos transitar por estas montañas; me sumergo por completo en el paisaje y las horas transcurren sin darme cuenta, aunque con el terreno tan técnico que pisamos los kilómetros parecen no cundir mucho. Encontramos en el camino a Lluis San Vicente, procurandonos unos momentos de risas; si esto hubiera sucedido el tercer día hubiera creido que era la aparcion de un duende de las montañas.

Aproximadamente doce nos llevará cubrir el primer segmento hasta la base de vida de Arcalis. Aquí aún vamos frescos y sin grandes necesidades, así que pasamos el tiempo justo para comer, beber y reponer las mochilas. Entre bloques de piedra, senderos pedregosos, lagos cristalinos, neveros, la magia de la noche nos envuelve, convirtiendo el ascenso al Comapredrosa en algo fascinante. El descenso se las trae, hay que estremar precauciones. Nos aproximamos a unas luces, es el refugio del Comapedrosa donde un amigo de Nahuel nos espera con un buen avituallamiento. Es un lujo encontrarte a estas personas por el camino. Seguimos avanzando en la noche y ya subiendo hacia el collado que nos llevará a la Bony de la Pica nos saluda un nuevo día regalandonos unas vistas increibles. El descenso a Margineda, segunda base de vida,  es agotador, parece no llegar nunca. Aqui nos tomamos algo mas de tiempo para cambiarnos de calzado, curar rozaduras, reponer vituallas…..Estamos en el punto más bajo del recorrido y el calor se hace notar en las  fuertes pendientes que atacamos. Empiezan a dolerme los pies de una manera insufrible; pienso que ha sido un error cambiarme de calzado. Paro varias veces a aflojarme los cordones. Afortunadamente, en los cambios de terreno el dolor me va dando tregua y entre ascenso y descenso me voy olvidando de mis pies. Coronamos el Pic Negre, el Monturull, desde donde dicen puede apreciarse Sevilla en dirección sur en un día despejado. Descendemos hacia el refugio de Perafita y de aquí al refugio de l’Illa serpenteamos por senderos pedregosos junto al río en un paisaje de un hermoso verdor. El día va llegando a su fin y comenzamos a acusar la falta de sueño. La zona que atravesamos ahora requiere de concentración para no errar en la orientación y el avance se hace lento. La noche acaba envolviendonos y con ella una suave lluvia que se convierte en aguacero; aun con los gores puestos el agua nos cala hasta los huesos. Tengo frío y solo pienso en llegar a Pas de la Casa. La tercera base de vida es como un oasis. Con ropa seca y al calor de la estancia, me tumbo en una camilla y dejo hacer a la podologa y masajista; caigo en un sueño profundo. No se el tiempo que llevo alli pero siento que tratan de despertarme. Me niego. No llevamos prisa, malditas las ganas de salir nuevamente a la oscura y lluviosa noche. Momentos de debilidad en los que deseas que todo acabe allí y te dejas vencer por el confort. Debo darle tanta lastima  a Nahuel que me concede media hora más; todo un regalo en estas circunstancias. Ahora ya si, debo levantarme. Me siento desorientada y mis movimientos son como a cámara lenta. Se que hemos pasado demasiado tiempo alli. Hay que espabilarse.

Afortunadamente ha dejado de llover. Pero el sendero que tenemos ahora está cubierto de vegetación muy alta y tardamos cinco minutos en chapotear bajo el barro y el agua con los pies otra vez calados y la ropa mojada hasta la cintura. Al menos nos espabilamos. Y recibimos los primeros rayos de sol con alegria inusitada. Las vistas son majestuosas. Rodeados de montañas con un mar de nubes a nuestros pies, me siento afortunada. Descendiendo hacia el valle Inclés, como una aparición, topamos de bruces con mi querido amigo Sergio Tejero. Abrazado a él, no puedo evitar echarme a llorar de la emoción. Un poco más abajo su mujer Susana y la fotografa amiga de Nahuel, Diana, nos esperan con vituallas. Me abrazo a Susana dando rienda suelta a mis emociones. Qué subidón que hayan venido a vernos. Seguimos montaña arriba-abajo llenos de energía y totalmente compenetrados. Bajar a la civilización se me antoja hasta extraño. Pero allí estamos, llegando a la Aldosa cuando el amigo de Nahuel, Jonathan, sale correteando a nuestro encuentro por enésima vez para acompañarnos hasta donde tienen montado el picnic. El calor es sofocante y mi estomago ya no admite gran cosa; sólo me apetece pizza y doy buena cuenta de dos porciones que me saben a gloria. El ascenso por un estrecho sendero en el bosque nos protege al menos del sol y avanzamos ligeros hasta las pistas de la estación de Soldeu. Ascendemos por una larguisima pista de hierba casi vertical y cuando coronamos, creemos ver ya la base de vida de Solanelles a tiro de piedra; se trata tan solo de una cabina telesilla. Aún tendremos que subir y bajar varias pistas hasta llegar a destino. Qué largo se hace este tramo cuando crees tenerlo ahí mismo. 

La cuarta y ultima base de vida es un pequeño hotel de montaña a 2500 metros de altitud. Tienen todo acondicionado para recibir a los corredores pero en el interior no es que haga mucho calor. Tumbada en la camilla mientras me arreglan los pies, el frío me sacude. Me echan tres mantas por encima y acabo dormida. Esta vez me despierto al toque, no quiero demorarme más. Salimos de alli con energias renovadas y sabiendo que nos queda ya la ultima etapa. La espalda duele bajo el peso de la mochila, cada bajada es una tortura para los pies, el estomago ya no admite mucha pero nada de eso nos impedirá seguir avanzando porque somos plenamente conscientes de estar donde queremos. Y la tercera noche nos envuelve. El camino ascendente no es muy evidente y hay que ir con cuidado. Por momentos tengo la impresión de avanzar como por inercia, pero sin ser realmente conscientes de que caminamos. Tengo nauseas, vomito, ya no puedo beber ni comer nada de lo que llevo. El descenso por todo el valle del Madriú hasta Escaldes nos castiga con toda su rudeza. El camino lleno de piedras es una tortura para los pies, maldecimos con cada tropezón. Qué agonía, parece no terminar nunca. Es con todo el peor momento de la carrera. Quiero llorar de cansancio, desesperacion e impotencia. Pisar las calles de Escaldes y ver a Jonathan, Eloise y Nadege, es una bendición. A estas alturas, mi estomago solo retiene la Coca Cola, asi que doy un buen trago, relleno las dos botellas y tumbada en la acera cierro los ojo esperando a que Nahuel termine. La subida que afrontamos desde aquí es brutal; un sendero extremadamente vertical y con mucha piedra, donde es mejor no caer. Nos juntamos con el tercer equipo masculino y el ritmo a estas alturas, no está nada mal. Arriba nos adentramos en un bosque y por un camino más amable llegamos al Collado de Ordino con el despertar de un nuevo día. 

Es increíble cómo perdemos la noción del tiempo y los días y las noches se suceden. Ultimo punto de asistencia. Bebo y cargo Coca Cola e iniciamos la ascensión a Casamanya; no es una subida con pendientes muy exigentes pero se hace larga con sus tres colladitos. No puedo creermelo, ya estamos allí. El descenso, provisto de cadenas, requiere de prudencia, pero desde luego que hemos pasado por sitios bastante más complicados que este. Ya en el sendero comenzamos a cruzarnos con los corredores que suben de la maratón; muchos nos animan sabiendo que llevamos más de tres días en las montañas y no puedo evitar emocionarme. Tengo tantas ganas de llegar que el camino se me antoja interminable. Ya estamos en la carretera, vemos la iglesia de Ordino, la gente nos anima y aplaude, enfilamos la recta de llegada. Nahuel para a coger a su hija, pero no quiere, la pobre no debe entender nada y fundiendonos en un abrazo, cruzamos la meta. Explosión de emociones, lágrimas de alegría por lo conseguido, admiración plena por mi compañero de batallas que ha sabido llevarme en palmitas con su lema “poc á poc “…..uf ( lloro de nuevo ). Nunca olvidaré esta grandísima aventura, para mí una de las más plenas y emotivas que he tenido la suerte de vivir.

Un millón de gracias Nahuel por darme la posibilidad de correr a tu lado. Gracias a ti y la maravillosa  experiencia compartida he vuelto a recordar por qué hago esto y me apasionan  las montañas. Pensaba colgar las zapatillas cansada ya de tanta carrera, pero esto me ha cargado las pilas y devuelto la confianza

Y por supuesto, imposible olvidarme de nuestra magnifica asistencia. Ellos tambien sufren con nosotros y pierden la vida por atendernos lo mejor posible. Gracias mil Pauline, Eloise, Nadege y Jonathan. Eternamente agradecida